Partido de los Trabajadores de España (PTE-ORT)

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Bases políticas - Necesidad y caracter de la revolucion en España

Indice del artículo
Bases políticas
La España Actual
Un programa de acción para la unidad
Necesidad y caracter de la revolucion en España
El nuevo poder social
Lineas para el nuevo estado
El socialismo
El partido comunista
Todas las páginas

Necesidad y carácter de la Revolución en España:

La crisis es el signo del momento en el mundo capitalista. Lo que sale a flote en la actualidad no es una la crisis política circunstancial, si no el resultado de la aplicación de políticas neoliberales, el imperialismo y la Globalización. En España el Estado Monárquico cae en la arrogancia clasista del poder y su apetito económico, el control de los derechos fundamentales de las masas populares y la negación a éstas de intervenir en la definición del rumbo de la sociedad y el Estado; la imposición de una visión única, conciliadora con el imperialismo, protectora del neoliberalismo, cómplice del capital y cooptadora de las organizaciones frágiles del movimiento popular. Todo ello está dentro de la ofensiva del imperialismo y la globalización.

Este enfoque no tiene ya nada que hacer en la historia de España. Se ha roto la forma tradicional del predominio de la burguesía, fundada en el acuerdo “bipartidista” y su capacidad de arrastre de los sectores populares. Y aunque existe en la cultura política la tradición del voto en las urnas como forma de legitimación del consenso dominante, lo consigue sólo mediante la interpretación injusta de los resultados electorales. La intervención de EE.UU en el mundo y por consiguiente en España, es el factor que tiende a predominar en la formación de la legitimidad de la burguesía, sin lograrlo plenamente. Este deterioro profundo del liderazgo político burgués, cultural y moral no ha surgido ahora con la crisis, ha venido gestándose desde hace años, cuyo principal componente es la lucha de clases y la resistencia popular. El intento de mantener la ideología del sistema político, monárquico burgués, y el “Estado de Sitio” permanente de la Constitución Monárquica del 78 con la colaboración de parte del movimiento obrero, demuestra la gravedad del fenómeno.

El régimen político, sustentado en el bipartidismo y la Monarquía, no cambia, pero la crisis si le aprieta. Su substrato socio-económico ha sido el modelo neoliberal y ahora hace aguas a nivel mundial. Este régimen es el que impuso como modernización “la apertura económica”, que no es mas que una regresión social a costa del pueblo trabajador, con la modificación de las relaciones laborales en perjuicio de los productores directos, el desempleo, el subempleo, la precariedad laboral y la explotación laboral a los inmigrantes, jóvenes y mujeres.

La criminalización de la lucha social, la represión del Estado contra la oposición democrática y el movimiento popular, en defensa de la Monarquía parlamentaria impuesta por la anterior dictadura. Todo esto en el marco de debilitamiento de los derechos y libertades de los ciudadanos, los operativos de encarcelamiento y detenciones en Euskadi, la exclusión de organizaciones políticas del sistema electoral, la intolerancia con el movimiento abertzale al que clasifica de “enemigo interno”, al que sistemáticamente se le aplica la “ley antiterrorista”, extrapolando la misma, a otros movimientos de lucha, esa intolerancia como línea permanente del Estado es parte de una estrategia antidemocrática y anticomunista injustificable, para defender un régimen de injusticia y represión, subsistiendo apenas como un modo de contención del cambio social.

El mismo régimen que usa el monopolio de los medios de comunicación para manipular la opinión, satanizar a los opositores y formar un voto en contra de los intereses de la mayoría de los electores. Su modelo económico social capitalista neoliberal y su aparato de Estado Monárquico, son los responsables de la situación actual de precariedad de nuestro país. Ese sistema, en su conjunto, ha hecho crisis. No se trata de ponerle remiendos: simplemente debe cambiar.

España reclama a gritos una transformación de fondo, que abra paso a una situación de democracia real, de participación ciudadana en su porvenir y de justicia social. Es lo que hemos llamado una “revolución popular y democrática”, antiimperialista, anticapitalista, cultural y medioambiental, un hecho sustantivo de la decisión de las masas que instaure un nuevo poder, con nuevas clases sociales al mando.

La superación de la crisis global de la sociedad española, los cambios históricos que propugnamos para lograr la consolidación de la paz, la democrácia y los impulsos al progreso económico y social en beneficio del pueblo, solo pueden ser conquistados mediante una revolución popular y democrática, que lleve, al establecimiento de un nuevo poder político que ponga fin a la dominación oligárquica e imperialista en nuestro país y en la que los trabajadores han de tener un papel protagonista.

Las bases de un nuevo régimen social y político democrático se construirán en el debate y en la acción por un programa común del pueblo que conjugue la acción de masas en los diversos escenarios y bajo las formas de presión que las circunstancias históricas demanden en la lucha de clases, que permita, en el mejor de los escenarios, el acceso al poder, mediante las urnas. Para conseguir esto, habría que ir, desde un inicio, construyendo los órganos de ese poder popular desde la base, en los barrios, especialmente desde las asociaciones de vecinos y en el movimiento obrero.



 

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